El estar en contacto con la naturaleza, vivir en  un lugar sagrado para los hombres, despertar  día a día en la montaña, sintiendo como el sol, la luna y las estrellas hacen su danza diaria, como las estaciones son tan profundamente sentidas, y así también los avatares de la  naturaleza , me ha traído otra percepción de la vida.

Somos parte inseparable de la naturaleza, somos al igual que una planta, un animal, una montaña… una especie más de este gran todo que es la naturaleza. Formamos parte de ella. Sus ciclos, sus energías no me son imperceptibles ni indiferentes. Aunque no sea consciente de  ello.

La interconexión que tenemos con el todo nos hace permeable. Nada de lo que ocurre en alguna parte del universo no nos está ocurriendo dentro nuestro, y nada de lo que ocurre dentro nuestro no ocurre en el universo

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